Milagros atribuidos a la intercesión
del santo cura Brochero

 

 

 

Nicolás Flores

En febrero de 2009 se inició en Córdoba un proceso de investigación sobre el presunto milagro atribuido a la intercesión del Venerable José Gabriel del Rosario Brochero, para su beatificación.
El caso fue la recuperación Nicolás Flores, quien a los 11 meses de edad, estuvo al borde de la muerte luego de tres paros cardiorrespiratorios, con pérdida de masa ósea del cráneo y masa encefálica producto de un accidente automovilístico ocurrido en Falda del Cañete (Córdoba) el 28 de septiembre de 2000.
Su padre, Osvaldo Flores, pidió al Cura Brochero que intercediera por la vida de Nicolás.
En julio de 2012 se reunió una comisión de teólogos para observar el caso y finalmente se expidieron positivamente en forma unánime. En octubre se reunió en sesión ordinaria una comisión integrada por obispos y cardenales que estudiaron todo el proceso canónico y las conclusiones fueron elevadas al papa Benedicto XVI, por el prefecto de la Congregación Pontificia para la Causa de los Santos, el cardenal Ángelo Amato.
El 20 de diciembre de 2012, Benedicto XVI firmó el decreto de beatificación que reconocía el milagro del Cura Brochero.

 

 

 

Camila Brusotti

El 22 de enero de 2016, el Papa Francisco aprobó la promulgación del decreto que reconoce el segundo milagro atribuido a la intercesión del Beato José Gabriel del Rosario Brochero y el consistorio celebrado el 15 de marzo de 2016 fijó la fecha de su canonización para el 16 de octubre.
El milagro fue la recuperación de la niña sanjuanina Camila Brusotti, de siete años de edad, quien fue brutalmente golpeada por su madre y su padrastro sufriendo un infarto masivo en el hemisferio cerebral derecho, en octubre de 2013.
En menos de dos meses, Camila, recuperó los sentidos y fue dada de alta. Amigos y conocidos de su padre y abuelos, al ver la similitud con el milagro obrado en la recuperación de Nicolás Flores, pidieron la intercesión del Beato Cura Brochero.
La junta compuesta por siete médicos consideró la recuperación como un hecho extraordinario, pues se esperaba que no viviera más de 72 horas o que quedara en estado vegetativo.